Revista de Filosofía Mundana No. 9
La pelota no se mancha: fútbol y filosofía
Julio 2026 | Cuenca – Ecuador | ISSN: 3028-8509
Colectivo Mundana
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Antonio Fernández Parra
Comunicación
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Hay temas que la filosofía ha considerado durante siglos dignos de su atención y otros que, por demasiado cotidianos, parecían escapar a ella. El fútbol pertenece a esta segunda categoría; quizá porque su protagonista es el cuerpo y la acción, o porque su práctica no es individual, o por su raigambre popular. Y, sin embargo, precisamente allí reside su interés filosófico: pocas experiencias contemporáneas condensan con tanta intensidad preguntas sobre la comunidad, la identidad, la memoria, el tiempo, la belleza, el poder y el mercado.
Una bellísima metáfora del poeta Antonio del Toro, recordada por Juan Villoro, el escritor mexicano que —suele decirse— lo descongelan cada cuatro años para que piense el fútbol y traduzca difíciles reflexiones en accesibles aforismos, se refiere a la felicidad que produce este juego: «El fútbol es la venganza del pie sobre la mano».
La acción transformadora del hombre que caracteriza el espíritu de la modernidad se simboliza en dos órganos: el ojo, como símbolo de contemplación intelectual, y la mano, como instrumento de trabajo. Una transformación del mundo que transforma al propio ser humano en instrumento de productividad; así, el juego con los pies es la reivindicación de la parte cancelada de la civilización que, jugando, encuentra una forma de liberarse.
El homo ludens de Huizinga lo explica de otro modo: el juego —y el fútbol lo es, aunque a esta altura parezca que no— es la condición de posibilidad de la cultura. Jugar no constituye un descanso de la vida seria; es una de las formas más profundas mediante las cuales los seres humanos construyen rituales, establecen reglas y ensayan maneras de habitar el mundo.
Antes que homo sapiens, somos entes que jugamos; quizá por ello el fútbol desborda permanentemente el estadio: ocupa el barrio, la conversación cotidiana, la infancia y la imaginación colectiva y, por lo mismo, es objeto de apropiaciones, de intereses económicos y de tecnologías que buscan convertir la experiencia en mercancía.
Bolívar Echeverría recordaba que el capitalismo intenta cooptar todas las dimensiones de la vida; sin embargo, en el juego persiste una posibilidad distinta: la de una práctica cuyo sentido no se agota en la productividad ni en el intercambio mercantil.
Incluso cuando el espectáculo global parece absorberlo todo, sigue sobreviviendo algo irreductible en el partido improvisado de un barrio, en la conversación posterior al encuentro, en el gesto creativo que ninguna estadística consigue explicar. El juego nos recuerda que toda regla es una creación y, por lo tanto, es resistencia.
Cuando pensamos en fútbol, como dijera Critchley, pensamos mucho más que en un deporte; pensamos en pertenencias, rivalidades, derrotas, esperanzas, injusticias, belleza, azar y destino.
Los textos reunidos en este número parten de esa convicción. No buscan ofrecer una teoría del fútbol, sino abrir múltiples caminos para pensarlo desde la filosofía y las ciencias humanas. El lector encontrará reflexiones sobre el juego y el espectáculo, la política y la memoria, la técnica y la tecnología, el cuerpo y la ciudad, la estética y la identidad, mostrando que el fútbol constituye un laboratorio privilegiado para comprender muchas de las tensiones de la vida contemporánea.



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