La ciudad de Cuenca ya no es nuestra. Las calles de esta ciudad, que alguna vez fueron transitadas por la vida cotidiana de quienes la habitamos, se han convertido en corredores vigilados donde el derecho a la permanencia depende de tu capacidad de consumo. Una ciudad con una estética patrimonial y su narrativa de “calidad de vida” se ha transformado en un simulacro para los turistas, un decorado francés donde la habitabilidad de los cuencanos quedó en segundo plano.
El Centro Histórico ya no es un espacio colectivo, sino un enclave elitilizado. Las fachadas que algún día cobijaban negocios locales ahora sostienen cafeterías y rooftops con vistas exclusivas para quienes pueden pagar una limonada de precio absurdo. En las calles la vigilancia dejó de ser homogénea. La guardia ciudadana expulsa con rabia a los vendedores ambulantes, pero les sonríe a los expatriados norteamericanos que ocupan el espacio público con sus cafés al aire libre. Frente a esto hay un mensaje claro: la ciudad ya no es de quien la habita, sino para quien la compra.
La gentrificación dentro de Cuenca no es algo accidental, más bien es una estrategia de mercado vestida de progreso. Bajo el eufemismo de la “revitalización urbana”, se han desplazado comunidades originarias en favor de un modelo de ciudad vendible el paraíso de los jubilados estadounidenses, la joya inmobiliaria de Ecuador premium. Este es el resumen del modelo urbano impuesto para que la vida cotidiana ceda espacio a la acumulación del capital y la mercantilización del paisaje.
David Harvey (2003) advierte que la acumulación por desposesión es el mecanismo central del capitalismo moderno: esto implica una expropiación de los espacios a través de una especulación inmobiliaria, privatización de los espacios comunes para convertirlos en excluyentes. En Cuenca, este proceso se manifiesta en el aumento del costo de la vida, la transformación de viviendas en Airbnb, la popularización de negocios que tienen “derecho de admisión” disfrazado de códigos de vestimenta y la imposición del inglés en los menús de los restaurantes del centro histórico. Analizando esto, ya no es solo una cuestión de economía, sino de una hegemonía cultural impuesta que nos dice quién si tiene derecho a la ciudad y quien debe adaptarse o mudarse a las periferias
El urbanismo neoliberal genera subjetividades desarraigadas expulsando de la planificación urbana a quienes no encajan en la logia del mercado, los vendedores ambulantes son criminalizados, las casas del centro histórico convertidas en boutiques, el Parque Calderón transformado en un escenario de consumo turístico. El derecho a la ciudad fue un concepto clave para Henri Laefebvre (1968), es arrebatado sistemáticamente mediante políticas que nos restringen el acceso al espacio público y reglan su uso a base de tu capacidad económica
El neoliberalismo no solo privatiza espacios, sino que impone un relato en el que la expulsión es “progreso”. Se nos dice que la modernización es inevitable, que la ciudad tiene que abrirse al mundo, pero no a sus habitantes. Frente a toda esa lógica de exclusión, la resistencia no puede solamente basarse en la nostalgia. Es urgente la creación de contraespacios, espacios de reapropiación donde la ciudad sea vivible y no únicamente transitable. Esto implica fortalecer las economías populares que resistan la especulación del mercado, defender el espacio público como un bien colectivo y generar formas de organización que frenen la privatización de la vida.
En Cuenca la resistencia se manifiesta de distintas formas que desafían la narrativa oficial de ser una ciudad idealizada para el turismo. Nos repiten que Cuenca es la ciudad más linda y segura del país, pero ¿para quién? Para el turista que pasea por un centro histórico convertido en un decorado sin alma, para restaurantes que presumen el concepto de Ecuador premium, mientras expulsan a quienes no encajan en su estética europea. Mientras tanto, la ciudad se ahoga en su propio tráfico, el centro se vuelve intransitable, la guardia ciudadana sigue criminalizando a los vendedores ambulantes como si fueran el enemigo.
Nos quieren hacer sentir orgullosos de esta Cuenca elitizada, pacificada, y vendida. Pero no puede haber orgullo en una ciudad donde vivir se vuelve un privilegio, donde la resistencia es criminalizada y la memoria desaparece al construir negocios enfocados en extranjeros y con precios europeos Tal vez la pregunta final no es como recuperamos la ciudad, si no cuanto estamos dispuestos a perder antes de darnos cuenta de que ya no nos queda nada.
Referencias
- Cabrera Jara, N. (2019). Gentrificación en áreas patrimoniales latinoamericanas: cuestionamiento ético desde el caso de Cuenca, Ecuador. https://www.researchgate.net/publication/335896130_Gentrificacion_en_areas_patrimoniales_latinoamericanas_cuestionamiento_etico_desde_el_caso_de_Cuenca_Ecuador
- El Comercio. (2024, 14 de noviembre). Manifestantes protestan contra la Cumbre Iberoamericana en Cuenca. https://www.elcomercio.com/actualidad/manifestantes-protestan-contra-la-cumbre-iberoamericana-en-cuenca.html
- Harvey, D. (2003). The New Imperialism. Oxford University Press.
- LaDevi. (2024, 7 de agosto). ¿Centro Histórico de Cuenca en proceso de gentrificación? Negocios asociados al ocio desplazan a habitantes. https://ecuador.ladevi.info/cuenca/centro-historico-cuenca-proceso-gentrificacion-negocios-asociados-al-ocio-desplazan-habitantes-n70853
- Lefebvre, H. (1968). Le Droit à la ville. Anthropos.
- Ministerio de Gobierno. (s.f.). Las protestas contra el Gobierno ya no fueron pacíficas, en Cuenca. https://www.ministeriodegobierno.gob.ec/las-protestas-contra-el-gobierno-ya-no-fueron-pacificas-en-cuenca/