Creando territorios: El cuento como espacio de invención – Sebastián Ávila

 

Ser el eterno forastero, el eterno aprendiz, el eterno postulante: he allí una forma para ser feliz

Julio Ramón Ribeyro

 

Julio Ramón Ribeyro se erige como una crítica profunda y detallada de la modernidad urbana en Latinoamérica, un escenario que se caracteriza por su cruda dualidad entre el progreso prometido y la desolación de las personas que quedan atrapadas en su constante transformación. La ciudad, como espacio simbólico, es más que un mero escenario: es el reflejo de una realidad de exclusión, de lucha por la supervivencia, y de la degradación de los lazos humanos que conforman la vida colectiva. Como señala el sociólogo Zygmunt Bauman (2000) «La modernidad ha hecho de la ciudad un lugar de fragmentación, donde los individuos ya no se reconocen en sus vecinos, sino que se enfrentan a una anonimidad que los aísla en su propia desesperación» (p. 55).

En este sentido, Ribeyro no solo describe la ciudad como un lugar físico, sino también como un ente vivo que se convierte en un monstruo que devora a quienes no logran adaptarse o, peor aún, a quienes no tienen lugar en su estructura. La ciudad moderna no es solo un espacio de exclusión, sino un entorno que promueve la alienación de los individuos, donde las relaciones interpersonales se tornan frías, superficiales y deshumanizadas. A través de sus personajes, Ribeyro ilustra cómo el individuo se enfrenta a la gran maquinaria de la modernidad, un sistema que despoja al ser humano de su sentido de pertenencia y lo convierte en un ente solitario, sumido en la incomodidad y la desesperanza. Como lo afirma el filósofo Henri Lefebvre (1974), «La ciudad moderna es la gran maquinaria que organiza la exclusión de los individuos que no encajan en sus normas, dejándolos fuera del proceso que les podría conferir sentido y pertenencia» (p. 89).

En cuentos como «El marqués y los gavilanes»(1960), la figura del burgués aislado refleja la desconexión del individuo frente a la acelerada urbanización y la aparición de nuevas formas de poder que surgen con ella. Ribeyro se adentra en la psicología de estos personajes, mostrándolos atrapados en un entorno donde las estructuras sociales ya no garantizan ni protección ni apoyo, pero tampoco ofrecen la posibilidad de evasión. En este relato, el personaje central, el marqués, se encuentra inmerso en un vacío existencial donde la sociedad lo ha despojado de su lugar y su función, revelando la fragilidad de una clase social que, ante la aceleración de los procesos urbanos, se ve incapaz de adaptarse o encontrar algún tipo de refugio emocional. Los «desvalidos» de «Interior ‘L'»(1973) o los «gallinazos sin plumas»(1955) se enfrentan a una realidad aún más cruda, donde la pobreza y la desesperanza son el telón de fondo de una lucha cotidiana por subsistir. Estos personajes, a diferencia del burgués aislado, encarnan la exclusión radical, ya no solo de los privilegios, sino del acceso mismo a la dignidad humana.

En sus relatos, Ribeyro no solo presenta las diferencias sociales entre los personajes, sino también la incapacidad de la sociedad moderna para ofrecer alternativas de integración o mejora para aquellos que quedan al margen. La ciudad, en estos relatos, no es solo un lugar físico, sino una máquina que consume a los individuos y les niega la posibilidad de encontrar un lugar dentro de su estructura. La alienación que caracteriza a estos personajes no es solo una consecuencia de la pobreza, sino de un sistema que está configurado para hacer desaparecer a los más débiles, empujándolos a una lucha sin esperanza.

 

Como señala el sociólogo David Harvey (1989),

 

La ciudad, en su proceso de urbanización acelerada, crea espacios donde los individuos se ven forzados a elegir entre la alienación o la lucha diaria por sobrevivir, sin ninguna red de seguridad en la que puedan confiar. La urbanización no solo transforma el espacio físico, sino que también redefine las relaciones sociales, incrementando la marginación de los individuos que no logran adaptarse al ritmo de los cambios (p. 148).

 

En este sentido, Ribeyro no solo ofrece un retrato de la ciudad como un lugar de alienación, sino que también denuncia los efectos devastadores de la modernidad en las relaciones humanas y en la identidad individual. La lucha por la supervivencia en sus relatos es una lucha solitaria, donde los lazos humanos se diluyen y la comunidad se convierte en una utopía irrealizable.

En todos estos relatos, Ribeyro no solo presenta la ciudad como un monstruo implacable, sino como un espejo de las estructuras de poder, donde los intereses económicos, políticos y mediáticos someten a los individuos a una vida despojada de sentido. La indiferencia de la ciudad frente a las tragedias individuales resalta la impotencia del hombre frente a un sistema que parece tener las reglas del juego ya definidas y que excluye a aquellos que no logran adaptarse. La ciudad no es solo un espacio donde los individuos luchan por sobrevivir, sino también un espacio donde las estructuras de poder operan de manera invisible, controlando las narrativas y dictando los términos de la existencia. Ribeyro, al igual que otros escritores latinoamericanos, presenta este escenario con una visión crítica y filosófica que va más allá de la simple denuncia social, adentrándose en la compleja relación entre el individuo y el entorno urbano que lo rodea.

A través de su mirada filosófica y literaria, Ribeyro invita al lector a reflexionar sobre las fisuras de la modernidad: las desigualdades y la exclusión que se esconden detrás del progreso, y la memoria, tanto colectiva como individual, que lucha por encontrar un lugar en ese universo indiferente. La ciudad, en su representación ribeyriana, se convierte en un espacio simbólico de la lucha por la identidad, la supervivencia y la dignidad en un contexto de violencia estructural. En palabras de Pierre Bourdieu (1979), «Las estructuras sociales no solo determinan las relaciones entre los individuos, sino que también configuran los escenarios donde se libra la lucha por el reconocimiento, un reconocimiento que, en el caso de la ciudad moderna, parece ser cada vez más esquivo para los excluidos» (p. 203). La ciudad se presenta así no solo como un espacio físico, sino como un espacio simbólico de lucha donde el ser humano se ve forzado a encontrar su lugar en una estructura que lo despoja de su humanidad.

En conclusión, Ribeyro, con su mirada crítica y su estilo preciso, ofrece una cartografía literaria que revela las tensiones del hombre moderno, atrapado en la maquinaria de una ciudad que parece no ofrecerle más que vacío y alienación. Su obra, cargada de crudeza pero también de una profunda sensibilidad, se convierte en un testimonio de la lucha constante del individuo por encontrar un sentido en un mundo que lo ha dejado atrás. A través de su escritura, Ribeyro no solo ilustra las dificultades de los personajes para encontrar su lugar en la ciudad, sino que también señala cómo este entorno deshumanizado impacta la psicología y la identidad del ser humano. Como sostiene Foucault (1975), «El individuo moderno se ve atrapado en un espacio donde ya no tiene control sobre su vida, donde el poder se ejerce de manera invisible, pero omnipresente, fragmentando su existencia en una serie de roles y expectativas» (p. 231). La obra de Ribeyro, en su complejidad, se erige como un acto de resistencia, donde la literatura ofrece no solo un análisis de la realidad social, sino también un refugio para la memoria y la subjetividad que se ve ahogada en la lógica de la modernidad.

 

Referencias

  • Bourdieu, P. (1979). La distinción: Criterio y bases sociales del juicio. Ediciones Siglo XXI.
  • Bauman, Z. (2000). La modernidad líquida. Fondo de Cultura Económica.
  • Foucault, M. (1975). Vigilar y castigar: Nacimiento de la prisión. Siglo XXI Editores.
  • Harvey, D. (1989). La condición de la posmodernidad: Investigación sobre los orígenes del cambio cultural en la sociedad moderna. Ediciones Akal.
  • Lefebvre, H. (1974). La producción del espacio. Siglo XXI Editores.

 

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