La ciudad y lo urbano: desde los primeros abordajes en las Ciencias Sociales hasta el derecho a la ciudad – Gabriela Eljuri Jaramillo

 

La ciudad y lo urbano: los primeros abordajes en las ciencias sociales

Desde las Ciencias Sociales el estudio de la ciudad y de la vida urbana es relativamente tardío. Los primeros antecedentes, tanto de la Antropología y la Sociología urbana, los encontramos en la Escuela de Sociología de Chicago, entre los años veinte y la segunda guerra mundial. Entonces, la ciudad se convirtió en un laboratorio de investigación cualitativa y comparativa; se trataba sobre todo de un interés por algunas problemáticas urbanas a partir de etnografías empíricas, que empezaron a reflexionar sobre las relaciones entre las estructuras espaciales y sociales en las ciudades.

En ese contexto, Robert Ezra Park (1999) planteó que el estudio de las ciudades requiere similar metodología que aquella con la que los antropólogos estudian a los grupos tribales, asimismo, afirmó que la ciudad es una expresión humana, pero, a su vez, esta realidad modela a los habitantes. Ernest Burguess propuso un modelo de zonas concéntricas para explicar las estructuras sociales urbanas. Si bien su modelo ha sido cuestionado posteriormente, fue interesante su postura de que la marginalidad condiciona lo que él llamaba las patologías sociales, como el crimen, mas no los grupos que en esos espacios habitan. Igualmente, cabe mencionar los estudios de Nels Anderson, quien aplicó la observación participante para estudiar a vagabundos y personas sin techo, estudio que se plasma en su obra The Hobo. The sociology of the homeless man (1923). Frederic Thraser (1927) realizó una etnografía sobre pandillas, ubicando elementos de cohesión social y territorialidad, al tiempo que afirmó que los vecindarios en transición eran propicios para el surgimiento de estas organizaciones. Louis Wirth, partidario de la sociología aplicada, escribió The Ghetto (1928), un estudio sobre las minorías judías en la ciudad y Urbanism as a way of life (1938), en el que analizó las relaciones de continuidad entre lo urbano y lo rural; Wirth veía a la ciudad como un problema y una oportunidad a la vez.

Desde la antropología, Robert Redfield, yerno de Park y bajo la dirección de Burguess, investigó sobre los mexicanos en Chicago, siendo la primera investigación antropológica sobre mexicanos en Estados Unidos; también desde esta disciplina, constan los estudios de Oscar Lewis sobre la cultura de la pobreza, postura que ha sido ampliamente cuestionada por responsabilizar a los pobres de su condición y no contemplar las condiciones políticas, sociales y económicas que subyacen a la pobreza[1].

En Inglaterra, entre los años treinta y cincuenta, en el Departamento de Antropología Social de la Universidad de Manchester, se realizaron importantes investigaciones sobre las tensiones que se generaban en las colonias tras los procesos de migración y urbanización en el África. En esta línea, se puede citar los trabajos de Max Gluckman y los antropólogos del Rhodes-Livingston Institute.

Posteriormente, hubo otras aproximaciones a la ciudad en Estados Unidos, como las de Jane Jacobs con su obra The Death and Life of Great American Cities (1961), en la que critica las prácticas de renovación urbana de la década de los cincuenta.  William H. Whyte, en los años ochenta, usó la observación, la fotografía y el video para descubrir el comportamiento de los entornos urbanos, a partir del análisis de los peatones.

Desde Francia, fueron importantes los aportes de Michelle De Certeau y su obra La invención de lo cotidiano (2000 [1980]), en la cual refirió a los andares de la ciudad y la necesidad de mirar la ciudad desde abajo, desde las prácticas de los caminantes. Certeau planteó una distinción entre la ciudad y lo urbano; siendo lo urbano a la ciudad, lo que el habla para la lengua. Así, lo urbano compete al acto enunciativo, a los usos y apropiaciones –nunca pasivas–  que los individuos y colectivos hacen de la ciudad; el espacio, para De Certeau, es un lugar practicado.

Sumamente valioso ha sido el aporte del filósofo y sociólogo francés Henry Lefebvre, quien distinguió entre la materialidad (la ciudad) y la forma social (lo urbano); la ciudad, a su criterio, sería una realidad presente, un dato práctico, la envoltura; mientras que lo urbano nombraría una realidad social, de relaciones por concebir (2017 [1968]). La vida cotidiana tuvo un peso importante en sus reflexiones, y el espacio aparece en su obra como un factor importante en la constitución de las relaciones sociales. El autor diferenció entre el espacio concebido, que busca imponerse sobre la vida urbana y, por otra parte, el espacio percibido y el espacio vivido, que corresponden a lo urbano; es el espacio de relacionamiento y que concierne al espacio “de la sociedad, de la vida social” (2013 [1974], p. 94). A su vez, planteó que el conflicto es inherente a lo urbano, ya que este se sustenta en el valor de uso de la ciudad:

 

Lo urbano, al mismo tiempo que lugar de encuentro y convergencia de comunicación e información, se convierte en lo que siempre fue, es decir, lugar de deseo y desequilibrio permanente, sede de la disolución de normas y restricciones, momento de lo lúdico y de lo imprevisible (Lefebvre, 2017 [1968], p. 102).

 

Asimismo, el filósofo francés rechazó las miradas fragmentadas –desde diferentes disciplinas- de la ciudad; a su criterio, “estas divisiones analíticas no carecen de rigor, pero (…) el rigor es inhabitable” (Lefebvre, 2017 [1968], p. 60).

Por la misma época, también surgió un interés por el ámbito de las percepciones, preocupación que fue cobrando espacio en la geografía, los estudios urbanos, la ecología humana, la sociología y también la antropología cultural. Así, podemos mencionar las contribuciones de Kevin Lynch, en The image of the city (1960), sobre las maneras en que la gente percibía, imaginaba y se desplazaba por la ciudad; posicionando las nociones de sendas, bordes, nodos e hitos. Desde entonces, se iría configurando lo que se denominaría la geografía de la percepción, en la que se presta especial atención al espacio percibido y subjetivo. Desde la antropología cultural, entre otros temas, se empezaría a estudiar también las relaciones entre el espacio, los imaginarios, las percepciones y los sentidos.

 

Sobre el derecho a la ciudad

Lefebvre, quien había asumido una postura radical y crítica sobre la planificación urbana dominante en su tiempo, particularmente la arquitectura racionalista de Le Corbusier, introdujo la noción de derecho a la ciudad, que luego sería problematizada, debatida y, de cierta manera, también tergiversada hasta hoy. Para Lefebvre (2017 [1968]), el derecho a la ciudad es un derecho a la vida urbana, privilegiando el valor de uso por encima del valor de cambio; privilegiando la vida social que en la ciudad transcurre, esto es: el tiempo y el devenir: “el derecho a la ciudad no puede concebirse como un simple derecho de visita o como un retorno a las sociedades tradicionales. Solo puede formularse como un derecho a la vida urbana, transformada, renovada” (p. 139).

El autor planteaba que corresponde a la clase obrera asumir el control de la forma que tomarían las ciudades; al tiempo que enfatiza que el proceso de mercantilización del espacio termina produciendo el espacio y, con ello, reproduciendo las relaciones de producción. Lefebvre propuso el derecho a la ciudad como un derecho a la obra, a la apropiación de la ciudad que, a su criterio, no es lo mismo que el derecho a la propiedad.

La noción de derecho a la ciudad, planteada por Lefebvre, ha sido retomada por autores diversos y desde muy distantes posturas[2]. Bajo el paraguas del marxismo, cabe resaltar la figura de David Harvey, aunque no en la misma línea que lo haría el filósofo francés. Tanto Lefebvre como Harvey ubican su pensamiento en una línea marxista[3] y reivindican el derecho a la ciudad contra la urbanización capitalista y su modo de producción; no obstante, como señala Garnier (2012), estos autores tienen enfoques bastante diferentes, mientras en el uno predomina un enfoque filosófico y sociológico, en el otro hay un predominio geográfico y económico. Tillet (2021) anota que, a diferencia del llamado de Lefebvre a la clase obrera para hacer posible el derecho a la ciudad, Harvey pone su atención en los movimientos sociales, de diversa índole, que desde la década de los noventa del siglo XX están luchando por el derecho a la ciudad: gente sin techo, lucha contra la gentrificación, protestas contra la criminalización de los pobres, etc.

Harvey (2008), teórico social marxista y geógrafo inglés, plantea que

 

la pregunta sobre qué tipo de ciudad queremos no puede estar desligada de la pregunta sobre qué tipo de personas queremos ser, qué tipo de relaciones buscamos, qué relaciones con la naturaleza valoramos, o cuál es el estilo de vida que deseamos (p. 16).

 

Harvey (2008) propone que el derecho a la ciudad es más que el derecho a lo ya existente, tiene que ver con “el derecho a cambiar la ciudad siguiendo nuestros más profundos deseos” (p. 17). Harvey señala que en la pregunta a ¿cómo ejercer el derecho a la ciudad? la respuesta no está en ocuparse de los resultados, pues sería solo trasladar los problemas de un lugar a otro “un tugurio es destruido en un lugar para aparecer en otro” (p. 17), sino que siguiendo a Engels, la única manera de combatir una realidad que se desea cambiar es confrontando los procesos que la originaron; en esa línea, traza lo que él denomina “el problema de la reubicación de los excedentes del capital, pues “el capitalismo está motivado por la necesidad de encontrar espacios lucrativos para la absorción de excedentes de capital” (p. 17).

 

A criterio de Harvey, la urbanización constituye una alternativa para el problema del excedente de capital; no obstante, en el capitalismo este problema solo tiene soluciones temporales, que traen consigo consecuencias irreversibles para la vida urbana; cita como ejemplos los bulevares de Haussmann en París y el desarrollo del área metropolitana de Robert Moses en Nueva York y, en épocas más recientes, el mercado inmobiliario en Estados Unidos, los procesos de financiamiento con endeudamiento en los proyectos urbanos de Sao Paulo, Dubái, Hong Kong o Londres; o el involucramiento en el mercado hipotecario del Banco Central Chino. Para Harvey, tanto los ejemplos del presente, como lo ocurrido bajo el liderazgo de Hausmman en la renovación de París durante el Segundo Imperio, permiten confirmar su afirmación de que la urbanización “es el principal vehículo para absorción de excedentes de capital a escalas geográficas cada vez mayores” (p. 21).

Harvey indica que cuando hay conflicto entre el bienestar de la población y un buen clima de negocios, el segundo componente suele privilegiarse, “la justificación es que “una marea alta levanta todos los barcos”, aunque esto difícilmente se cumpla” (p. 27); asimismo, considera que las ciudades están hoy conformadas por lo que él denomina “fragmentos fortificados”; es decir: ciudades divididas entre las élites financieras y las clases trabajadoras sujetas al desempleo y a la marginación. Para este autor es importante la noción de acumulación por desposesión, lo que hace que el problema del excedente del capital no tenga solución en el modelo actual de acumulación capitalista de las ciudades.

Estas ciudades neoliberales fragmentadas, según Harvey, han sido construidas por el capital en su intento de absorber sus propios excedentes; ello lleva a que la libertad de la ciudad haya sido “usurpada por una élite financiera en su propio beneficio” (p. 28); por lo tanto, si aún queda la posibilidad de recuperar el derecho a la ciudad y la libertad de la ciudad, se requiere confrontar la raíz del problema del excedente de capital, lo que significa que la acumulación del capital no puede seguir determinando nuestras vidas y cómo han de ser nuestras ciudades. Así, para Harvey, el derecho a la ciudad tiene que ver con el control de la producción y el uso de los excedentes. Para Agustín Tillet (2021), tanto Lefebvre como Harvey, pese a sus diferencias, han tenido una centralidad en el devenir de los estudios sobre la ciudad, y no solo de la sociología urbana.

 

A modo de cierre

Hasta aquí hemos intentado anotar algunos autores –no todos- que han introducido el interés por la ciudad y por lo urbano en las ciencias sociales. En la actualidad lo urbano y la ciudad son temas que se estudian con énfasis en varias ciencias sociales, en intentos que aún tienen mucho por desarrollar hacia la transdisciplinariedad. Fenómenos como migración y diásporas, diferencias de género, exclusión y marginación; relaciones de producción y distribución que incrementan la pobreza, el subempleo y el desempleo; mercantilización del suelo y especulación inmobiliaria; creación y estigmatización de barrios marginales, junto con abandono estatal y violencia institucional sobre quienes allí habitan; privatización, gentrificación y turistificación; dinámicas de intervención urbana al servicio del mercado y que profundizan la segregación socio espacial; políticas que privilegian la apropiación capitalista de la ciudad, en desmedro de las centralidades urbanas, los tejidos sociales y la construcción de ciudad, entre otras, son algunas de las características que configuran las ciudades contemporáneas, signadas por un modelo neoliberal. Como contraparte, surgen movimientos sociales que, desde diferentes escalas, procuran hacer frente a estos problemas en defensa del derecho a la ciudad.

El derecho a la ciudad parece ser uno de los puntos angulares que hoy se invoca desde varios ámbitos. Ahora bien, en el marco del capitalismo neoliberal, en el que prima el mercado y el valor de cambio de la ciudad, en el que el espacio concebido impone su lógica de mercantilización de la ciudad, profundizando la pobreza, las desigualdades, la concentración de las riquezas y las formas diversas de segregación económica, social y espacial en las ciudades ¿cómo reivindicar el derecho a la ciudad, ya sea desde la mirada de Lefevbre o la de Harvey? ¿Es posible el derecho a la ciudad en las ciudades capitalistas? El derecho a la ciudad, en un sentido amplio, requiere una transformación radical de la vida cotidiana, de una alternativa al actual modelo económico y político que sostiene las desigualdades y la fragmentación socio espacial en las ciudades contemporáneas.

 

Referencias

  • Anderson, N. (1923). The Hobo. The sociology of the homeless man. The University of Chicago Press.
  • De Certeau, M. (2000 [1980]). La invención de lo cotidiano I. Artes de hacer. Universidad Iberoamericana, Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente.
  • Garnier, J.P. (2012). El Derecho a la Ciudad desde Hentri Lefebvre hasta David Harvey, entre teorizaciones y realización. Ciudades(15), 2217-225.
  • Harvey, D. (2008). La libertad de la ciudad. Antípoda, 15-29.
  • Jacobs, J. (1961). The Death and Life of Great American Cities. Random House.
  • Lefebvre, H. (2013 [1974]). La producción del espacio. Capitán Swings.
  • Lefebvre, H. (2017 [1968]). El derecho a la ciudad. Capitán Swing LIbros, S.L.
  • Lynch, K. (1960). The image of the City. The M.I.T. Press.
  • Park, R. E. (1999). Las ciudad y otros ensayos de ecología urbana. Ediciones del Serbal.
  • Thraser , F. (1927). The Gang. A study of 1.313 gangs in Chicago. The University of Chicago Press.

Tillet , A. (2021). Pensar la ciudad desde el marxismo: una aproximación sociológica al pensamiento de Henri Lefebvre y David Harvey. En V. (. Paiva, Sociología y vida urbana. De los clásicos a los problemas actuales (pp. 99-130). UBA-FADU. Teseo Press.

  • Wirth, L. (1928). The Ghetto. The University of Chicago Press.
  • Wirth, L. (1938). Urbanism as a way of life. The American Journal of Sociology, 44(1), 1-24.

 

Notas

[1] Cabe anotar que en la sociología el interés por la ciudad sería más temprano que en la antropología, pues mientras la sociología surgió en el contexto de expansión de la industrialización en las urbes, la antropología, en sus orígenes y por largo tiempo, estuvo vinculada con el estudio de sociedades a pequeña escala, distantes y, de cierta manera, “exóticas”.

[2] Tillet (2021) dice que deberíamos estar alertas cuando el concepto de derecho a la ciudad que lo originó Lefebvre y lo desarrolló Harvey, es también utilizado por organizaciones de corte liberal e incluso por el Banco Mundial, en un contexto diametralmente opuesto tanto al pensamiento de Lefebvre como de Harvey.

[3] Tillet (2021) plantea que, aunque Marx y Engels vieron a la ciudad como el lugar en el que se concentraba el proletariado y donde se agudizaría la lucha de clases, no sería la ciudad en sí el objeto de su interés. Igualmente, refiere a Benjamin y sus caminatas sobre la ciudad, ubicándolo a él, al igual que a Baudelaire, en el ámbito más de la filosofía y de la poesía, que de la sociología. Con ello, afirma que hasta entrados los años sesenta del siglo pasado, el tema urbano no sería claramente diferenciado en las teorías marxistas, siendo Lefebvre “la piedra basal de tintes marxistas” en la sociología urbana.

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