Paisaje y capital: notas sobre una Patagonia incendiada. – Ángeles Smart

Hoy, la naturaleza, es objeto de explotación y mercantilización total. Las grandes corporaciones, los gobiernos, pero también las personas particulares en sus prácticas cotidianas cosifican los bienes naturales, en una etapa más de la constitución de esa tropa de utilidad común y universalmente utilizable de la que ya hablaban Horkheimer y Adorno

“Va a ser duro, hay viento del norte. Vamos”. Julio Cortázar.

 

Estas son unas notas para pensar lo que viene sucediendo en la Patagonia argentina. Hoy incendiada, arrasada, desvastada, asolada y saqueada. Los acontecimientos son elocuentes por sí mismos. En este momento en que escribo, verano del 2026, hay fuegos activos en Puerto Patriada y El Hoyo, en la Provincia de Chubut (a unos 130 kilómetros de donde vivo) que van quemando 12000 hectáreas de bosque, tanto nativo como de especies introducidas. Estos últimos fuegos ya han arrasado con 25 chacras y 2 complejos turísticos. Han dejado a las poblaciones sin tendido de luz eléctrica, sin agua y sin comunicación. Ya se determinó que en el foco cero de ambos incendios se encontró el material inflamable y acelerador que los provocó. También el sistema de suministro de agua potable del paraje El Foyel fue vandalizado y destruido, quedando todo el pequeño pueblo sin agua en plena catástrofe de emergencia ígnea. Los fuegos y estos hechos son intencionales. Como si esto fuera poco, al mismo tiempo comenzó un incendio deliberado en el Aeródromo de la ciudad de El Bolsón, posiblemente para provocar que los pocos medios áereos trabajando en los cerros asolados deban retirarse para salvar las zonas con más densidad poblacional. Todo esto en unos días. Y esta situación se viene repitiendo a lo largo y a lo ancho de la Patagonia.

La presencia de vecinos, brigadistas y bomberos -ayudados por unos pocos aviones hidrantes- con autobombas y mangueras que voluntarios han acercado desde todos los lugares del país, no alcanza para controlar lo que, ya a esta altura, parece incontrolable. Mientras tanto, el gobierno nacional de Javier Milei continúa indiferente y ausente, sosteniendo su política de desfinanciamiento a las distintas entidades de lucha y combate contra incendios forestales e insistiendo en el ajuste y la precarización laboral de brigadistas y bomberos. Para este año 2026 recortó el presupuesto para el Servicio Nacional de Manejo del Fuego, que ahora es 69% más bajo en términos reales que en el 2023. El diciembre pasado, el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, anunció los nuevos lineamientos productivos del gobierno que con el objetivo de “poner nuevamente a la Argentina en la senda del crecimiento”, hará cambios en la Ley de Bosques la cual, en su formulación actual, incluye la prohibición de cambiar la actividad productiva del suelo incendiado durante 30 a 60 años posteriores a su quema. La ley que quieren modificar se impulsó como un intento de frenar los incendios intencionales en bosques y campos, incendios que buscan no solo acrecentar el espacio de tierras para monocultivos sino que son provocados para desvalorizar la tierra en beneficio de los emprendimientos inmobiliarios. Al mismo tiempo, las continuas quemas están obligando a abandonar sus chacras a los pequeños productores que resisten con cultivos agroecológicos y orgánicos para, en un futuro no muy lejano, verse forzados a venderlas a precios muy por debajo de su valor real.

Imposible negar, a esta altura, que todas las medidas generadas por el gobierno libertario, tras una oratoria y fachada de búsqueda de crecimiento de la Argentina y su población, están motivadas y al servicio de los grandes capitales. Aún hay que determinar quiénes y cuáles proyectos están tras estos incendios en particular, pero no queda lugar a dudas que, cuales sean, cuentan con la connivencia del gobierno. El sincericidio en inglés del por entonces asesor presidencial, Demian Reidel, en marzo del 2025 durante el IEFA Latam Forum (International Economic Forum of the Americas) celebrado en Bs. As., no parecieran dar margen de error para su interpretación: «Tenemos grandes extensiones de tierra con acceso a energía y agua, climas fríos, que es la cereza del postre para el enfriamiento de los sistemas AI; y además, estamos en un área sin conflictos armados, sin tsunamis, sin terremotos. No hay muchos lugares en la tierra con esas cualidades. Obviamente, el problema es que estas áreas están pobladas de argentinos. Así que esta es una de las cosas que hemos arreglado. Estamos estabilizando la macro, estamos dándoles el marco legal para explicarles que estamos abiertos a negocios esta vez»[1].

Claramente no es excusa ampararse en que tras la retórica plagada de buenos objetivos y medidas concretas pero exiguas de gobiernos anteriores primó la corrupción, el oportunismo y la desidia ante los incendios que no son, en absoluto, ninguna novedad en estos territorios. Si bien nunca hubo una eficiente política de prevención, nunca hubo acompañamiento significativo a las comunidades afectadas y nunca se distribuyeron los recursos necesarios para enfrentar las catástrofes, lo que está sucediendo en este 2026 es de otra magnitud. Tampoco es plausible endilgar la responsabilidad e intencionalidad de estos incendios a algún grupo Mapuche radicalizado apoyado por agrupaciones internacionales. Después de su rol activo y de incitación en las tomas, destrucción y quema de viviendas, refugios y maquinarias tanto en Villa Mascardi como en otras zonas de la Patagonia y después de la desafortunada presentación de su libro Poesía incendiaria en plena catástrofe forestal en el Parque Nacional Nahuel Huapi, que arrasó con más de 18.000 hectáreas a inicios del 2025, el líder mapuche Facundo Jones Huala transitó por la marginalidad y la pobreza y hoy se encuentra preso en la cárcel federal de Rawson, provincia de Chubut. Está acusado de asociación ilícita e instigación a la violencia. Y quienes lo acompañaron en su militancia se encuentran desarticulados, presos, muertos o fueron asesinados.

También hay que tener en cuenta que no todos los incendios que se han sucedido en los últimos años persiguieron intereses económicos. Muchas veces la negligencia, la necedad, el descuido y el egoísmo más miserable han desatado la tragedia. Un fogón en un lugar no habilitado dio inicio al incendio en el Brazo Tristeza del Lago Nahuel Huapi en el verano del 2024. 630 hectáreas de bosque nativo desapareció de la faz de la tierra por gente que no quiso quedarse sin disfrutar su carne asada en el paraíso. En Loma del Medio, en el Bolsón, en el 2023 se quemaron 224 hectáreas por un asado mal apagado. En Cuesta del Ternero y posterior rebrote en El Boquete, también zona del Bolsón, se quemaron en el 2021, 14.200 hectáreas también a causa de un fuego iniciado en una cabaña de alquiler. Sobre el incendio que se originó en el Cajón del Río Azul (Provincia de Río Negro) y en otros sectores aledaños, en el verano del 2025, no se ha podido determinar si fue intencional o producto del descuido de los innumerables turistas que circulan por la zona. El incencio consumió 2.800 hectáreas en la zona de Mallín Ahogado, destruyendo casas, chacras y galpones y arrasó con mascotas, ganado, fauna y flora silvestre. La confluencia explosiva de otoños sin lluvias, inviernos con poca nieve, primaveras ventosas, veranos de un calor arrasador y el estallido de la concurrrencia de turistas que vienen a disfrutar de los paisajes de la Patagonia no hacen más que acelerar y acrecentar los riesgos de la emergencia ígnea e hídrica. Los incendios consumieron no solo bosques, también pastizales, montes y mallines, destruyendo hábitats de miles de animales que perecen o si tienen suerte, escapan. La biodiversidad, fundamental para el equilibrio natural, desaparece a pasos agigantados augurando más desastres en los próximos años.

Frente a las múltiples causas de tanta catástrofe pienso que la teoría crítica nos ofrece herramientas adecuadas para un análisis que busca no caer en conclusiones apresuradas que desde el inicio atribuyen responsabilidades unilaterales y cerradas. Nada es fácil, nada es evidente y la realidad, más allá de los hechos constatados, es muy esquiva. En el proyecto de su lógica dialéctica, Max Horkheimer, ya en el 1935 abogaba por un análisis que buscara revelar frente a la cualidad constatada en un objeto, la cualidad opuesta y que siguiera la regla de definir el estilo de presentación “más por el ‘tanto esto como aquello’ que por el ‘o esto, o aquello’(en Wiggershaus, 2011, p. 228). La propuesta consistía en esforzarse por “poner en relación recíproca los conceptos obtenidos analíticamente, y reconstruir con ellos la realidad” ya que “éstas y todas las demás características de la razón dialéctica corresponden a la forma de la retorcida realidad, que continuamente se modifica en todos sus detalles” (en Wiggershaus, 2011,  p. 228). Como resultado perfilaba la posibilidad de un pensamiento basado en totalidades complejas no cerradas y que se abría -desde la visión filosófica- a la investigación y resultados de las ciencias especializadas y empíricas del momento. Para el tema que nos convoca, la idea implica atender a las múltiples variables e intensidades en las responsabilidades en juego en esta calamidad ígnea que nos azota. Y así como en su artículo “Observaciones sobre ciencia y crisis” (2003), Horkheimer, al modo de la lógica dialéctica, articuló la complejidad del tema en puntos sucesivos que se van desplegando, mi propuesta consiste en utilizar el mismo método. Aquí van, entonces, mis notas sobre una Patagonia incendiada:

  1. La naturaleza, considerada en cuanto paisaje, puede ser abordada tanto desde su dimensión de cambio como de uso. Pensarla no en sí misma sino a partir de las relaciones que han tenido y tienen los seres humanos con ella, permite distinguir cómo se presenta, en el contexto del capitalismo actual, tanto como objeto de disfrute y utilidad, como también en cuanto mercancía. La industria del turismo y el extractivismo hicieron del paisaje natural un objeto de creciente valorización. Sin embargo, constatar este hecho no implica avalar su derecho. La naturaleza no se reduce, de ninguna manera, a ser algo “para” el ser humano.
  1. Este proceso de creciente valorización y mercantilización de los espacios y bienes naturales es uno de los ejemplos más elocuentes de la primacía de la racionalidad instrumental (Horkheimer, 1973) sobre otras modalidades y capacidades que tiene la razón humana. Racionalidad instrumental que hoy también podemos llamar extractiva. Si bien el extractivismo surge en la época de la expansión y explotación europea sobre sus colonias, consistiendo en la extracción de recursos naturales y materias primas de la tierra para venderlas en el mercado mundial, en la actualidad el modelo extractivo colonizó de forma total las relaciones del ser humano con la naturaleza. La razón extractiva impera como norma en todos los aspectos del capitalismo global, infiltrándose, también, en los hábitos particulares de las personas y en su vida cotidiana.
  1. La racionalidad extractiva hoy suma, como una de sus presas y botines más preciados, las fuentes de agua dulce que son cada vez más escasas a nivel global. También persigue la compra y venta de la tierra con fines inmobiliarios, principalmente para la construcción -a través de inversiones privadas- de barrios cerrados de lujo, urbanizaciones o renovaciones de zonas con altas posibilidades de valorización. Los modos de adquisición de las fuentes de agua o de la tierra son variados. Los que están amparados por las leyes vigentes de cada región son considerados lícitos, si bien casi nunca, por no decir nunca, obedecen al principio de la justicia ni contemplan el bien social. Y como si eso fuera poco, también han proliferado otros métodos por fuera de los marcos legales. Entre estos últimos se encuentran la coacción, la intimidación, la amenaza, la coerción, el uso de la fuerza, el incendio y la contaminación de los manantiales de agua y suelos. La gentrificación o desplazamiento de los residentes originales más pobres por el creciente costo de vida o del precio de los alquileres es una de las consecuencias de los negoscios inmobiliarios, hoy ampliamente estudiada y documentada.
  1. Si bien muchos de los incendios forestales ocurridos en la Patagonia en los últimos años tuvieron su inicio en causas naturales y la crisis climática, se han encontrado pruebas que demuestran que la intencionalidad también fue el origen de muchos de ellos. Aunque también son catalogados de intencionales aquellos originados por accidente o por negligencia, en este caso se hace referencia a una voluntad explícita de quemar y hacer daño con el fin de despoblar y desplazar a los habitantes de un lugar. Quienes tienen el poder de la renta teconológica buscan desplazar a quienes poseen o usan la tierra. Los moradores de las zonas incendiadas de la Patagonia son, en su mayoría, gente trabajadora que vive con mucho esfuerzo de su tierra o de algún oficio. Hay pequeños o medianos productores agrícolas, artistas, artesanos, pobladores y paisanos de larga data. Quienes se reconocen pertenecientes al pueblo mapuche conviven hace lustros, en medio de las alianzas y las tensiones propias de cualquier relación comunitaria, con sus vecinos que tienen otros orígenes. Animales domésticos, ovejas, chanchos, vacas, cabras y algún que otro caballo completan el paisaje.
  1. Forma parte de los métodos utilizados por las grandes corporaciones interesadas en estas tierras sembrar confusión con respecto a los orígenes de los incendios. Nada prueba que comunidades mapuche estén tras ellos. El persistente racismo en amplios sectores del país es la principal causa del crédito que se da a las repetidas y falsas denuncias que se formulan contra sus miembros; si bien también acrecienta la estigmatización el accionar de los pequeños grupos radicalizados en el pasado cercano. Cabe resaltar que muchas de las comunidades mapuche, las más invisibilizadas, han optado por el reclamo pacífico -pero infructuoso- de las tierras en el marco de las leyes vigentes. La Argentina toda tiene una deuda pendiente con sus poblaciones originarias, que en su mayoría, resisten en medio de la marginalidad, la pobreza y la falta de oportunidades.
  1. Hay que destacar que la industria del turismo está forcejeando contra el inestable equilibrio entre ser humano y naturaleza que prevaleció durante las últimas décadas en las regiones patagónicas. Cada año el número de visitantes en lagos y montañas se acrecienta exponencialmente. Imágenes del paisaje, cual mercancías, circulan en las redes sociales como experiencias a adquirir, reproducir o comprar. Grupos acostumbrados a la contaminación material, visual y auditiva traen y dejan sus residuos, sus hábitos y sus prácticas de consumo en los rincones más recónditos del sur. Los gobiernos nacionales, provinciales y municipales promueven y promocionan el turismo ya que el mismo aumenta la recaudación impositiva, pero siguen haciendo oídos sordos a la necesidad de mejorar la infraestructura y los servicios ante el aumento de visitantes. Los sistemas de transporte, las rutas y calles, los servicios eléctrico, de recolección de residuos y de distribución de agua potable colapsan, dejando a la población sumergida en el medio del caos y la desprotección.
  1. La desidia, la inoperancia, la corrupción, el clientelismo, la aceptación de sobornos, la desatención de la desigualdad, el peculado, la crueldad y la cleptocracia prevalencen alternativamente según los gobiernos de turno. El retiro y el desmantelamiento del Estado, su sometimiento al poder del capital y a quienes detentan la renta tecnológica, ya no es la excepción, sino la norma.
  1. Comprender las intrincadas relaciones entre paisaje y capital será la clave para una crítica de la situación presente. Hoy, la naturaleza, es objeto de explotación y mercantilización total. Las grandes corporaciones, los gobiernos, pero también las personas particulares en sus prácticas cotidianas cosifican los bienes naturales, en una etapa más de la constitución de esa tropa de utilidad común y universalmente utilizable de la que ya hablaban Horkheimer y Adorno, citando a Hegel (1987, pp. 26 y 27). ¿Podrá revertirse la situación? Difícil concebirlo. Aún así, cabe esperar que la potencia del fuego se derrame desde la ferocidad de los incendios hacia el destello de una crítica que con la misma implacabilidad exponga y denuncie las responsabilidades involucradas en tanta destrucción y devastación.

Referencias:

  • Horkheimer, M. (1973). Crítica de la razón instrumental. Sur.
  • Horkheimer, M. y Adorno, T. (1987). Dialéctica del iluminismo. Sudamericana.
  • Horkheimer, M. (2003). “Observaciones sobre ciencia y crisis (1932). En Teoría Crítica, pp. 15-21, Amorrortu.
  • Wiggershaus, R. (2011). La Escuela de Fráncfort. F.C.E.

Notas:

[1]Demian Reidel sobre La Patagonia: el problema que está poblada de argentinos – (19-03-2025).

Las imágenes para la ilustración de esta edición son una colaboración de la artista ecuatoriana Ana Fernández, a quien expresamos nuestro agradecimiento profundo por la generosidad de permitir su uso.

 

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