Por: Rommel Aquieta Núñez.
Infundiendo un estado de shock, inyectando altas dosis de miedo y terror, la violencia corroe desde dentro todo lo que encuentra a su paso. El poder recurre a esta estrategia para generar pánico entre la población y una vez que esta acción se consolida, pasa a ejercer su papel heroico para convertirse en el único agente capaz de retomar el control y construir aquellos imaginarios de orden, desarrollo, progreso y paz.
Introducción
Pensar el pasado, para comprender el presente y construir el futuro, ha sido una herramienta indispensable de reflexión para la sociedad a lo largo del tiempo. En ese marco de análisis han surgido diversas aristas de estudio en procura de encontrar respuestas que nos permitan indagar, con detenimiento y amplitud, lo que sucedió y lo que podría volver a ocurrir en caso de que no se reflexione, se comprenda y sobre todo se evalúen ciertos momentos, procesos, sentidos y marcas que en diferentes épocas y momentos históricos han representado verdaderos horrores para la humanidad.
Vivimos tiempos violentos, de caos, convulsión social y guerra una vez más. Estamos atravesados por contextos políticos, económicos y culturales marcados por realidades crudas e inimaginables para muchos hasta hace poco tiempo atrás. Imágenes escalofriantes y fantasmagóricas le dan la vuelta al mundo y saturan nuestra cotidianidad diaria con un contenido audiovisual que cada vez es más agresivo, brutal y real. La violencia lo cubre todo y se devela como un eje central del desarrollo de nuestro devenir humano. La ferocidad y el salvajismo con que la sociedad marca su historia se convierte en un punto clave de análisis para delinear los posibles escenarios del futuro cercano.
La violencia a lo largo del tiempo ha servido para conquistar objetivos políticos. La guerra y la violencia como potencial recurso destructivo y de dominación sigue latente desde diversas formas, lógicas y escalas alrededor de los más diversos planes y proyectos políticos entre las naciones del mundo.
Pero ¿Qué representa la violencia hoy en día? ¿Qué sentidos encierra en su existencia misma como parte de un proyecto político o de gobierno? ¿Cómo la estamos entendiendo dentro de la contemporaneidad y a donde nos puede llevar esa ola gigante de consecuencias que se ha desatado con ella y que hoy parece imposible de contener?
Entre la violencia y la inestabilidad interior
Delinear algunas reflexiones sobre la violencia, dentro del contexto actual ecuatoriano, resulta en este sentido algo propicio para tener al menos un acercamiento mínimo al problema real de la denominada ola de violencia y crisis de seguridad desatada en el país al que alguna vez dentro de la geopolítica latinoamericana se le llegó a conocer como “una isla de paz”.
Antes de la Modernidad, la violencia era omnipresente y, sobre todo, cotidiana y visible. Constituye un componente esencial de la práctica y la comunicación social. De ahí que no solo se ejercite, sino que también se exhiba. El señor ostenta su poder imponiendo la muerte por medio de la sangre. El teatro de la crueldad, que tiene lugar en plazas públicas, pone en escena su poder y su dominación. La violencia y su puesta en escena teatral son una parte esencial del ejercicio del poder y la dominación (Han 2016, 8–9).
Como bien lo señala el filósofo surcoreano Byung-Chul Han, la violencia a lo largo del tiempo ha presentado características particulares, algunas de las cuales todavía siguen siendo significativas y existen dotándola de vigencia dentro de diversos escenarios contemporáneos. Lo cotidiano y visible, como sostiene el autor, bien podría acercarse a caracterizar el tipo de violencia desatada en Ecuador. Una violencia que se exhibe a lo largo y ancho de todo el territorio nacional, una violencia que contiene formas de representación casi macabras, montadas como si fueran los componentes principales de un teatro de la crueldad.
Un claro ejemplo de ello son las imágenes y videos generados en medio de los operativos militares que forman parte de las acciones que se enmarcan dentro del denominado “conflicto armado interno”. La violencia estatal ha sido capaz de ubicar en primer plano, desde una potente imagen simbólica, a todos aquellos que pueden y deben ser sometidos por la fuerza militar, quienes, mientras son obligados a cantar y gritar consignas, también desuellan su propia piel borrando todo rastro de cualquier tipo de tatuaje.
Los amotinamientos y masacres carcelarias que se han vivido desde 2020 en el país, también ilustran con una fuerte carga visual el terror de la violencia. La población visibilizó desde estos hechos capturados en imagen, el poder, la dominación y la fuerza de la violencia criminal configurada entre desmembramientos y decapitaciones humanas. La crueldad y brutalidad de aquellos actos parecen sacados del pasado y la profundidad salvaje de los tiempos más oscuros de la humanidad. Ante esta realidad es evidente comprender como a través del tiempo “hay cosas que nunca desaparecen. Entre ellas se encuentra la violencia” (Han 2016, 5).
Tanto en Ecuador como en el resto del mundo, la violencia ha sobrevivido al paso de los años. No se extingue, no se puede acabar con ella, no muta completamente. Por el contrario, guarda y revela rasgos característicos de su pasado. La crueldad, con la que se manifiesta, persigue una búsqueda arcaica de poder y control. Un poder sobre lo político, lo económico, lo cultural, lo territorial. “El ejercicio de la violencia incrementa la sensación de poder. Más violencia significa más poder” (Han 2016, 14).
Nos hemos transformado en testigos mudos de lo que representa la violencia como parte de nuestra realidad. El terror provocado por su onda expansiva históricamente ha convertido el tema en una forma de tabú legitimado por el discurso oficial. Reflexionar de forma crítica sobre la violencia en este tiempo representa no solo romper con la pasividad y los silencios, sino también resulta una búsqueda necesaria para comprender de una vez por todas que toda la violencia desatada, nos condena día a día a rompernos en pedazos como estado, sociedad y seres humanos.
La violencia no mantiene nada unido. De ella no brota ningún sostén estable. En realidad, una presencia masiva de la violencia más bien es un signo de inestabilidad interior. Un orden legal que solo se conservara a través de la violencia se revelaría muy frágil. Solo un sostén estable da lugar al consentimiento de un orden legal. La violencia aparece en el momento en que el sostén desaparece completamente del orden legal (Han 2016, 35).
Siguiendo lo señalado por Byung-Chul Han, se puede considerar que la violencia desplegada en territorio ecuatoriano bien puede representar una fuerte inestabilidad interior y una fragilidad clara en la construcción de un modelo de Estado armónico y una sociedad pacífica. En este sentido la configuración del poder estatal y gubernamental resulta resquebrajado en su totalidad. Imponer la fuerza y desplegar el miedo, la violencia y el terror como método aparece como una alternativa válida para recuperar el orden y la estabilidad. A modo de respuesta inmediata ante la aplicación de esta alternativa, se evidencia como las políticas de seguridad estatales se ejercen de manera arbitraria y brutal imponiendo un orden particular que intenta recuperar el control a toda costa.
Es así que en un día cualquiera se puede presenciar la toma violenta y criminal de un canal de televisión durante una transmisión en vivo y en directo de su noticiero estelar y de igual manera y a la mañana siguiente, es posible conocer de primera mano los detalles sobre la desaparición, tortura y muerte de un grupo de niños en medio de un operativo militar que buscaba neutralizar al enemigo interno por medio de la violencia legítima y el accionar represivo autorizado a las fuerzas armadas.
A modo de conclusión
La evolución de la violencia desplegada en escenarios como estos permite que, desde diversos actores y entre múltiples sectores de la sociedad, se destruya la sensibilidad humana de forma agresiva. Infundiendo un estado de shock, inyectando altas dosis de miedo y terror, la violencia corroe desde dentro todo lo que encuentra a su paso. El poder recurre a esta estrategia para generar pánico entre la población y una vez que esta acción se consolida, pasa a ejercer su papel heroico para convertirse en el único agente capaz de retomar el control y construir aquellos imaginarios de orden, desarrollo, progreso y paz.
Una vez más, ignoramos a dónde nos conducirán estas evoluciones, pero sabemos, o deberíamos saber, que cada reducción de poder es una abierta invitación a la violencia; aunque sólo sea por el hecho de que a quienes tienen el poder y sienten que se desliza de sus manos, sean el Gobierno o los gobernados, siempre les ha sido difícil resistir a la tentación de sustituirlo por la violencia (Arendt 2005, 118).
Como acertadamente sostiene la filósofa Hannah Arendt, quienes sienten que poco a poco pierden el poder y que este se desliza de sus manos parecen no titubear a la hora de instaurar la violencia como mecanismo para recuperarlo. Si bien “la violencia roba a sus víctimas toda posibilidad de actuación”(Han 2016, 46), en manos de la sociedad recae hoy igual que ayer la plena responsabilidad de identificar los momentos donde la violencia actúa como herramienta de control y generación de poder. Buscar alternativas viables que hagan frente a las dinámicas violentas impuestas para provocar terror y miedo es imprescindible. La realidad actual demanda de toda una participación activa caracterizada por una capacidad crítica capaz de revelar lo que estos tiempos violentos delinean para el futuro. Comenzar a perder el miedo es el primer paso.
Rommel Aquieta Núñez (Quito, 1989). Papá, militante y lector de tiempo completo. Comunicador social, periodista e investigador independiente en temas de memoria política. Magíster en comunicación mención en visualidad y diversidades.
Referencias:
- Arendt, Hannah. 2005. Sobre la violencia. Traducido por Guillermo Solana. Primera. España: Alianza Editorial. https://bello.cat/Sobre%20la%20violencia-H.%20Arendt.pdf.
- Han, Byung-Chul. 2016. Topología de la violencia. Traducido por Paula Kuffer. Barcelona, España: Herder Editorial. http://librodigital.sangregorio.edu.ec/librosusgp/45599.pdf.
Imagen tomada de expansion.mx e intervenida digitalmente.