Por: Sebastián Ávila

Desde la independencia de las naciones latinoamericanas, el problema con respecto a la identidad ha girado en torno a diferentes áreas del entorno social. A través de la literatura, la música y otras disciplinas, se ha intentado dar forma a diversos discursos político-culturales con la intención de revelar la cara oculta del ser.
Ya eres eterno, ya eres moderno
Y ahora solo nos queda, solo nos queda bailar
Máquina Camaleón
La posmodernidad es una teoría que pretende tener una aplicabilidad universal, sin embargo, también se destaca que su novedad radica en su capacidad para generar dentro del individuo preguntas como: ¿Qué entendemos por identidad? Para José Miguel Arellano (2019) en “El concepto de identidad: Una aproximación a la música en América Latina” señala que “la identidad es un conjunto de elementos culturales, sociales y políticos que se forman a lo largo del tiempo como consecuencia de múltiples eventos de carácter históricos, políticos y sociales, y que determinan ciertas disposiciones y modos de comportamiento de un grupo específico de personas” es decir, esa constante búsqueda de identidad que el ser humano indaga día a día en su cotidianidad. Todas estas teorías han intentado descifrar el proyecto de comprender el desarrollo de las sociedades.
Esto implica que estas teorías de (modernidad, posmodernidad), no solo afecta a nivel social, sino también tengan un impacto en la identidad individual y en la forma en como las personas se conciben a sí mismas y se relacionan con el mundo, para Baudrillard (1998) en “Diferencias en la administración premoderna, moderna y posmoderna: propuestas para un debate en Latinoamérica” señala: “la modernidad está caracterizada por la explosión del consumo, la mecanización, el auge de la tecnología, el intercambio y el mercado, mientras que la posmodernidad se caracteriza por la implosión de esos límites, por simulaciones, hiperrealidad y nuevas formas de tecnología, cultura y sociedad”(p.100). Esto puede interpretarse como una invitación a reflexionar sobre cómo la posmodernidad ha moldeado y continúa modelando lo que comprendemos como nuestra identidad, así como el objetivo de analizar las implicaciones de la universalidad que se le atribuye dentro de nuestra cotidianidad.
A lo largo de la historia, se han escrito innumerables páginas en un intento por comprender y definir la noción de identidad que parece adquirir formas diversas; incluso entre individuos de una misma cultura. El imaginario de los bares, las iglesias, la soledad y el ruido de los adoquines constituyen espacios que provocan un sin número de emociones frente a las jerarquías y orden social. La literatura, arte, cine y música han intentado recoger “residuos” de la realidad para tejer identidades que respiren, identifiquen y sientan lo que los sujetos van dejando con el paso del tiempo(posmodernidad). Esos espacios son los escenarios donde se descifran historias entre sus personajes y sus destinos, acumulando la misma pregunta ¿Quiénes somos?
En la juventud de años anteriores, nuestra experiencia de posmodernidad fue sobre todo cinestésica y fundamentalmente experimental, en esos tiempos, el conocimiento y compresión del mundo no importaban, la percepción sobre lo que entendíamos por identidad se basaba, únicamente, en lecturas obsesivas como: “Incendiamos las yeguas en la madrugada” de Ernesto Carrión, las visitas continuas a Cinema Café a solo dos cuadras de la biblioteca favorita de quienes solíamos colocar, las cintas de grupos como: Guardarraya o Jodamassa[1]. Le rogaba a mi hermana, en ese entonces, que estaba en la Universidad de La Habana, me trajera unos tabacos sin filtro, obras de Pedro Juan Gutiérrez y un poquito de aire de aquel lugar en su bolsillo.
Este recorrido se puede explicar cómo gracias a la posmodernidad y su caos, el espíritu humano forma su camino, deconstruye el “mito del hombre de las cavernas” que postuló Platón. De esa manera, fui perdiendo la Cuenca que había habitado en mi infancia, me despojé de esos textos y ritmos tan impropios de nuestra región, de los hipócritas que se ocultaban en las iglesias y las normas tan aburridas de estudiar en la universidad y comencé a devorar de forma indiscriminada los libros de Kerouac, Rodinas, Madrid y Pound, junto a cajetillas de Marlboro rojo y ‘esas mágicas electroacústicas ganas de joder’ (Guardarraya, 2009). Erosionó lentamente aquella parte de mí que hasta este momento había sido Cuenca.
Estos fueron los acontecimientos rememorados, y el Ecuador de aquel entonces paso inadvertido. Nuestro país vivía un tipo de subjetividad poscolonial (sobreprecios, sabatinas y dictadura), el Ecuador del espectáculo y de los discursos vacíos. Comprendí entonces que, el Ecuador y todas sus grandes fuerzas sociales, tienen precursores que alimentan el espíritu de la juventud que no olvidan las raíces del pasado sino las acoplan para este siglo caótico tratando de sincronizar los relojes históricos. Es por eso que al escuchar a Julio Jaramillo y el llanto de su guitarra es imprescindible no sentir la Guitarra de Álvaro Bermeo al momento que canta y entona ‘Zamba Surreal’, donde visualiza la tristeza de los hombres terrenales: “En el infierno yo estaré. Ahí te vo’ a esperar, no me moveré. Si vas al cielo avísame. ya que escaparé, Pero yo no sé, si allá puede entrar. Da Averiguando con quien hablar” (Guardarraya, 2016). Dando lugar a la creación de esferas diásporas que nos hacen entrar en cortocircuito con lo pasado y presente envolviéndonos en ese concepto fino de identidad. En este sentido, podemos decir que nosotros somos seres cíclicos que intentamos apartarnos de esa construcción social y cultural para entender, tal vez, que somos seres verdaderamente esenciales.
¿Quiénes somos?; Desde la independencia de las naciones latinoamericanas, el problema con respecto a la identidad ha girado en torno a diferentes áreas del entorno social. A través de la literatura, la música y otras disciplinas, se ha intentado dar forma a diversos discursos político-culturales con la intención de revelar la cara oculta del ser. El gusto por ciertas artes es, finalmente, consecuencia de la acumulación de experiencias (educación y relaciones sociales), tal vez, por esta razón hablar de identidades será siempre limitado a describir mayorías, pues solo irán a una descripción superficial.
¿Quién soy? En este caso, soy el ser que evoca y celebra el ‘yo’ y la individualidad, aquel que aboga por la libertad y la afirmación del ser, el que tararea después de sus clases la letra del ҅Payaso Andrés’ (Guardarraya, 2015) y siente la conexión entre la banda quiteña, su vida y el universo; el que elogia la diversidad de cada persona y comprende que la identidad más que una marca personal es una expresión de nuestro espíritu que se encuentra encadenado en nuestro cuerpo que agoniza en la realidad actual. Donde cada individuo es un componente esencial y se conecta con el todo cósmico, como humo de cigarrillo al viento. Que no somos herencia del entorno social y las estructuras de poder que nos dio Bourdieu (1980) y su concepto de “Habitus” en “El sentido correcto” mencionando que: “la identidad se entiende como un sistema de planes individuales”, por ende, todo esto es solo un camino para entendernos y no la pura verdad.
Por lo tanto, soy el que enfatiza la singularidad y la autorrealización de mi reflejo frente a mi espejo y los libros de Cesar Dávila y del “cuchucho” Jara. Que la identidad parte únicamente desde la expansión del individuo y sus ganas de ser y luchar. Como aquel poema del entrañable Fakir quien, cansado de buscarse, reclama: “Oh, Pachacámac, ¡señor del universo! Tú que no eres hembra ni varón. Tú que eres todo y eres nada, Óyeme, escúchame. Como el venado herido por la sed te busco y sólo a ti de adoro” (Dávila, 1942). El que cree que las letras de Guardarraya, Jodamassa y la Máquina Camaleón se complementan con el olor a café molido y cigarrillo del centro de Cuenca y el que se hace las mismas preguntas antes de dormir: ¿somos o nos hacen?, ¿dónde empieza el desastre de la identidad? y ¿existe soledad en la identidad o buscarla nos traerá caos? En este sentido, la mente siempre nos arrastrará y mutilará los brazos frente al hombre realista que solo intenta seguir la línea del verano en agosto.
Referencias
- Arellano, J. M. (2019). El concepto de identidad: Una aproximación a la música en América Latina. [The concept of identity: An approach to music in Latin America]. Scielo, Neuma (Talca) vol.12. https://www.scielo.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0719-53892019000100036&lang=es#aff1
- Baudrillard, J. (1998). El paroxista indiferente. Barcelona, España. Anagrama.
- Bourdieu, P. (1980). El sentido práctico. Madrid, España. Taurus.
- Davila Andrade, C (1942). Boletín y elegía de las mitas. Quito, Ecuador: El conejo.
- (2009). 1539 [Esas mágicas electroacústicas ganas de joder]. Quito, Ecuador: Silencio Films, Cineática Films.
- (2016). Zamba surreal [ En el infierno yo estaré. Ahí te vo’ a esperar, no me moveré. Si vas al cielo avísame. ya que escaparé, Pero yo no sé, si allá puede entrar. Da Averiguando con quien hablar]. Texas, EEUU: Sonic Ranch Estudios.
- Platón. (380 a.C.). La república (Libro VII)[El mito de las cavernas]. En Perez, J. (Trad), Obras completas de Platón (pp. 245-253) Atenas: Editorial Filosofía Antigua.
Notas
[1] Grupos de rock alternativo ecuatoriano


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