¿Realmente eres clase media?

Por: Vicente Solano P.

La proletarización hoy está en todas partes. No es algo del pasado ni exclusivo de fábricas; ahora afecta a profesionales, universitarios y trabajadores de todo tipo. Gente que antes tenía empleos seguros se ve obligada a aceptar trabajos mal pagados, temporales y sin garantías. Esta realidad golpea fuerte, somos proletarios, aunque no lo reconozcamos.

Hace unos días lancé una pregunta sencilla en clase: ¿a qué clase social creen pertenecer? Casi todos respondieron sin pensarlo demasiado «clase media». Sin embargo, al profundizar en sus situaciones reales, descubrimos algo incómodo pero revelador: una gran mayoría trabajaba, y muchos de ellos tenían bajos salarios, trabajos precarios y mucha incertidumbre económica. Entonces, ¿realmente somos clase media?

Esto nos obliga a preguntarnos: ¿existe hoy algo que podamos llamar clase trabajadora? La respuesta es un rotundo sí, aunque la imagen tradicional del obrero industrial ha cambiado. Hoy el proletariado incluye también a los repartidores en bicicleta, freelancers que saltan entre trabajos mal pagados, o jóvenes que trabajan desde apps que disfrazan explotación con palabras como «libertad» y «autonomía».
Entonces, ¿qué son las clases sociales en el siglo XXI? No han cambiado en lo esencial, están los que poseen el capital y los recursos para producir riqueza (burguesía), y los que apenas poseen su fuerza de trabajo para sobrevivir (proletariado). Pero hablemos claro ¿qué es exactamente ser proletario hoy? El proletariado actual sigue siendo la clase que sobrevive vendiendo su trabajo en condiciones injustas. Lo novedoso es la forma en que el capitalismo digital ha sofisticado la explotación laboral. Las plataformas digitales y la precarización han hecho aún más rentable explotar trabajadores, multiplicando enormemente las ganancias para unos pocos capitalistas.

La proletarización hoy está en todas partes. No es algo del pasado ni exclusivo de fábricas; ahora afecta a profesionales, universitarios y trabajadores de todo tipo. Gente que antes tenía empleos seguros se ve obligada a aceptar trabajos mal pagados, temporales y sin garantías. Esta realidad golpea fuerte, somos proletarios, aunque no lo reconozcamos.

Y entonces, ¿qué pasa con la lucha de clases? Pues que sigue muy viva. Puede parecer escondida detrás de conceptos atractivos como «emprendimiento» o «meritocracia», pero el conflicto sigue ahí, intacto. De hecho, la creciente desigualdad, con ricos cada vez más ricos y trabajadores cada vez más pobres, es la prueba más clara de que esta lucha está más vigente que nunca. Pero ¿qué ocurre con la conciencia de clase? Todavía existe, aunque debilitada y confundida. Muchos se ven erróneamente como clase media porque es “cómodo”, porque les hace creer en una movilidad social que en realidad casi no existe.

Finalmente, pensemos en lo que ocurre cada 1ro de mayo. Cada año las marchas parecen perder fuerza, convirtiéndose casi en un simple día feriado más que en un acto de resistencia y reivindicación. Pero ese día no es para descansar cómodamente. Si vendes tu tiempo y esfuerzo para sobrevivir, tu lugar este 1ro de mayo debería estar en la calle, exigiendo dignidad, justicia social y, si es necesario, hasta revolución.

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