De pronto nos encontramos en una urbe, en una ciudad, en un espacio donde los elementos naturalen se pintan como lejanos, extraños, incluso innecesarios. Por más de que se apunte a deslindarse de ello, no es posible, es una de las formas más profundas para admirarnos y conectar.

¿Qué implica el verbo leer? El proceso de lectura es una actividad semiótica donde se interpretan una serie de símbolos, en un contexto determinado. Es en sí, una actividad destinada para descifrar algo, un mensaje quizá, a través de un tipo de representación. Es una actividad amplia y compleja que puede darse de muchas formas, a pesar de que la más común sea a través de la lectura, existen una infinidad de formas.
Según Historia National Geographic (Masó, 2023), hace cinco mil años en la antigua Mesopotamia se creó el sistema que conocemos como escritura, a partir del cual se deriva la lectura. Este, fue considerado como uno de los mayores logros de la historia de la humanidad. Para llegar a la escritura, el trabajo pasó por tablillas para llevar cuentas, pictografías, sistemas de signos cuneiformes y dibujos. La diferencia es que este sistema se estandarizó, se difundió y ahora es nuestra forma de comunicarnos, pero esta, no es la única. “La representación es el proceso mediante el cual los miembros de una cultura usan signos para producir sentido” (Hall, 2010, p. 16).
Se puede leer a través de braile, se pueden leer las expresiones no verbales, la distancia, la cercanía, los movimientos, incluso, la falta de movimiento. El sistema de comunicación no verbal, es mucho más extenso y complejo que la parte verabal. Pero esto, se puede profundizar más aún, qué pasa en contextos donde el acceso a entretenimiento por medio de tecnología no es algo que prime.
Quienes habitan en territorios megadiversos, aprenden a leer otras situaciones cotidianas. Qué hay sobre las condiciones climáticas que se avizoran con señales a través del color de las nubes, el susurro del viento, las corrientes en la marea, los colores de la flora o la actividad de la fauna. Estas también son señales, y solo quienes conectan con la naturaleza, activan estos indicadores para dar lectura a los hechos. Para Freire (2005), “la lectura del mundo precede a la lectura de la palabra”. Los símbolos en la naturaleza son tan antiguos como la existencia humana, las comunidades que se guiaban y se guian a través de señales de la naturaleza. Para Walter Benjamin (2007), no nos comunicamos por medio del lenguaje, si no en el lenguaje. Toda acción comunicativa está cargada de interpretaciones.
Pero, ¿en qué momento nos desconectamos de la propia raíz? De pronto nos encontramos en una urbe, en una ciudad, en un espacio donde los elementos naturalen se pintan como lejanos, extraños, incluso innecesarios. Por más de que se apunte a deslindarse de ello, no es posible, es una de las formas más profundas para admirarnos y conectar. Desde esta la perspectiva de las Epistemologías del sur, no existe un saber único y superior, sino una ecología de conocimientos que dialogan en condiciones de igualdad epistemológica (de Sousa Santos, 2010).
La sensibilidad que guarda la naturaleza se enraiza de manera integral con la vida y con el arte, la geometría sagrada, la reestructuración, la autopoiesis, aquella capacidad de un sistema vivo para producirse y mantenerse a sí mismo, la música a través de las olas, las aves, el viento. Además, abriga, canta, acoge y alimenta los sentidos, el cuerpo, el alma.
Somos seres cíclicos, nos encontramos en cambio constante, a pesar de que a veces cuesta asumirlo. La naturaleza a su vez, día a día enseña sobre ello, los cambios de estaciones hablan sobre la impermanencia de la vida. La primavera, representa quizá un nuevo renacer, un resurgir desde aquella raíz que se encontraba dormida, que parecía muerta, pero no, solo necesitaba un poco de calor. El verano a su vez nos llena de calor, nos motiva a seguir creciendo, a madurar. El otoño pinta de anaranjado los movimientos descendentes, la caída de las hojas, de las ilusiones, de las máscaras. El invierno pone pausa, invita a esperar, mirar hacia dentro un poco, y quizás, congelarte en ese intento.
¿Qué pasa entonces si se retrasan las estaciones, si la lluvia no llega, si se caen las hojas y las raíces se secan, si de pronto las mareas aumentan y nos ahogamos, nos hundimos en lo más profundo? El calentamiento global nos deja señales también, de que las acciones cotidianas son parte del problema, si no regamos el jardín del alma, todo se seca. Para Aristóteles “La naturaleza no hace nada en vano” (Aristóteles, Física, II, 8, 198b32).
Cuidar la naturaleza implica entender sus mensajes, cuáles son las señales que nos da una planta cuando se ahoga, cuando florece, cuando renace, cuando se seca o cuando muere. Las culturas originarias estaban en estrecha relación con ella, de hecho, las deidades corresponden a elementos de la naturaleza, en qué momento le creímos más a la imagen de un hombre blanco, delgado, rubio… que a una serie de elementos que realmente nos abrigan, nos iluminan, nos alimentan y dan vida.
Es posible que leer la naturaleza implica leernos, sentirnos, mirar hacia dentro y analizar qué estamos haciendo con nosotrxs mismxs, ¿acaso no nos hacemos daño cuando cuando lastimamos a alguien? Descuidar, abandonar, contaminar, habla más sobre nuestro ejercicio interno, ya lo dijo Galeano (1998), “Serán reforestados los desiertos del mundo y los desiertos del alma” (p. xx).
Boaventura de Sousa Santos (2011) propone las Epistemologías del sur como una reconfiguración del pensamiento político, voltear la mirada y deconstruir las imposiciones ideológicas de occidente donde el saber dominante ha reducido la diversidad humana a un conocimiento limitado, estandarizado a nivel de prácticas e ideologías.
El saber colonial se legitimó no solo en la praxis a través de la censura, la violencia estructural, racial, el machismo, la discriminación física, de espacios y de accesos. La colonialidad del saber es aún más fuerte aún, la legitimación de prácticas culturales, saberes y formas de vida que nisiquiera corresponden al entorno del cual provenimos. La denominada civilización se encargó de silenciar ideologías ancestrales, saberes de pueblos originarios, conocimientos empíricos, formas de vida, formas de ser. “Las epistemologías del Sur se refieren a los conocimientos que han sido producidos en contextos de lucha contra el capitalismo, el colonialismo y el patriarcado” (de Sousa Santos, 2018, p. 47).
Es una metáfora para enunciarnos desde otro ángulo, para plantearnos otra mirada, otra posibilidad. Es de hecho una necesidad de liberar la pluralidad de ideologías frente a la colonización de las mentes, un llamado a mirarnos hacia dentro, cuál es nuestra propia legitimación de conocimientos, cuáles son nuestras verdades absolutas y qué de todo ello debemos cuestionarnos y cuestionar a quien nisiquiera se ha atrevido a mirar más allá. Desinstitucionalizar las mentes es abrirnos hacia otras miradas, es romper con la imposición arraigada a las prácticas culturales que nos han construido.
Las implicaciones de ello trascienden en formas de vida individualistas, en una falta de sentido comunitario donde la vida plena y el cuidado no son importantes. ¿Cómo no afectaría ello entonces al cuidado medioambiental? La crisis ecológica se lleva a cabo por el desgaste humano; el desequilibrio, el agotamiento de recursos y la contaminación. ¿No tiene que ver acaso con las formas de vida que incita la colonización ideológica a través del capitalismo?
La sostenibilidad de la vida depende de una ecología de cuidados (de Sousa Santos, 2011). Ubuntu es una filosofía africana originaria de las lenguas zulú y xhosa que sostiene: “El yo solo existe en relación con el nosotros” (Mbiti, 1991, p. xx). Estas formas diferentes de enunciarnos y reconocernos en comunidad, implican muchas formas diferentes de cuidar la vida, son epistemologías que se contraponen a la occidentalización de las culturas, son ideologías que buscan un cuidado colectivo que trascienda las formas de ser y de vivir buscando el bien común, más allá de bienestar personal.
La Constitución del Ecuador de 2008 reconoce formalmente en su artículo 71, estableciendo que la Naturaleza tiene derecho a que se respete su existencia y ciclos. La responsabilidad social también es personal, somos seres sociales, el individualismo no nos lleva a sostenernos, a cuidarnos. Es necesario leer que somos parte de estos ciclos, que nuestras acciones inciden en la naturaleza y de hecho, son un acto político de transformación frente al colonialismo.
Recomendación musical: En manada, lágrimas de sangre.
Referencias:
- Aristóteles. (1995). Física. Gredos.
- Asamblea Constituyente del Ecuador. (2008). Constitución de la República del Ecuador. Registro Oficial No. 449.
- Benjamin, W. (2007). Sobre el lenguaje en cuanto tal y sobre el lenguaje del hombre. En Obras (Libro II, Vol. 1, pp. 144–162). Abada.
- De Sousa Santos, B. (2010). Descolonizar el saber, reinventar el poder. Ediciones Trilce.
- De Sousa Santos, B. (2011). Epistemologías del sur: Justicia contra el epistemicidio. Siglo XXI Editores.
- De Sousa Santos, B. (2018). El fin del imperio cognitivo: La afirmación de las epistemologías del Sur. Trotta.
- Freire, P. (2005). La importancia de leer y el proceso de liberación. Siglo XXI Editores.
- Galeano, E. (1998). El derecho al delirio. En Patas arriba: La escuela del mundo al revés. Siglo XXI Editores.
- Hall, S. (2010). Representación: Representaciones culturales y prácticas significantes (M. Carrera, Trad.). Amorrortu.
- Masó, F. (2023, diciembre 22). Así se originó la escritura en la antigua Mesopotamia. Historia National Geographic. https://historia.nationalgeographic.com.es/a/asi-se-origino-escritura-antigua-me sopotamia_20605
- Mbiti, J. S. (1991). Religiones y filosofía africanas. Editorial Verbo Divino.
Las imágenes para la ilustración de esta edición son una colaboración de la artista ecuatoriana Ana Fernández, a quien expresamos nuestro agradecimiento profundo por la generosidad de permitir su uso.


